En La Tercera Edad : «Autodisciplina» por Alberto Cifuentes Avello

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Este tema, en verdad está dirigido a tantos y muchos que son mis amistades y tiene relación con nuestro quehacer en la etapa en que hemos dejado la labor profesional para dedicarnos a lo que creemos podemos seguir haciendo. A los que somos de la tercera edad

Y específicamente a la autodisciplina que debemos imponernos para no ser carga o dependientes, especialmente de generaciones que por labores profesionales no les permite atendernos.

Significa, tener la capacidad en la mañana de vencer a la placidez de la cálida cama para ponernos en pie y hacer actividades que son propias de nuestro entorno, como cosas tan sencillas como dar luz al hogar, corriendo las cortinas o encender la estufa que nos dará calor durante el día.

Ocurre que, si nos vamos abandonando a la grata estadía en la cama, nuestro entorno hogareño, al igual que nosotros, empieza a decaer, la oscuridad se expande en los espacios en que somos parte, no hay circulación de aire, nuestras plantas y ornamentos vegetales empiezan a morir. Se transforma, al igual que nosotros en una casa de viejos.

Por ende, la autodisciplina significa marcar una hora de partida a la que se debe obedecer y de ahí el resto funciona con optimismo. Alegrar nuestro hogar, poner música, un poco de ejercicios para extender y preparar nuestra modesta musculatura, ejercicios de oxigenación pulmonar, beber agua. Alimentar a sus horas a nuestras mascotas.

Leer y no ver noticias que son puros desastres y desacierto políticos.

Aplicarse al dicho “A quien madruga Dios le ayuda”. Ser una persona activa y siempre proactiva, evitar la instancia depresiva,

Si la fortuna y el buen trabajo hogareño basado en el amor nos mantiene con la esposa o esposo, es motivo mayor para fortalecer esa autodisciplina.

Atender al gesto de que uno está muerto justamente cuando se muere y mientras tanto se debe vivir gozando de los entornos familiares y de grupos sociales.

Entonces estimadas amigas y estimados amigos. A auto disciplinarse y ser fiel a ese compromiso.

Humm, en este instante me ha llegado la hora de saludar al mediodía. Me voy a mi lugar sagrado en donde me serviré una pequeña copa de vino.

¿Alguien me acompaña…?

Alberto R. Cifuentes Avello – Profesor

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